El Partido Liberal Creemos (PLC) se distingue extraordinariamente  y está alejado de cualquiera de los partidos de tradición ideológica colectivista: VP, PJ, AD, COPEI, UNT, los partidos nacionalistas y regionalistas o nuevos partidos como Vente o Prociudadanos, además, por supuesto, de la extrema derecha y la extrema izquierda.

Frente a Vente

Coincidimos con Vente en algunas de sus posiciones más liberales en política económica aunque nos parece que esa formación aún tiene un larguísimo camino por recorrer para asumir realmente el liberalismo económico y social. Además es imposible interiorizar la visión liberal de las cosas limitándola sólo a la economía. Con todo, apoyamos su teórica defensa de una economía algo más libre, pero evidentemente, este ”algo más libre” no es suficiente. La libertad no puede ser a medias. Nos separa de ellos su ambigüedad política, centralización de su estructura hacia la figura de Maria Corina Machado y, por tanto, la poca formación de liderazgos basados en IDEAS y no en PERSONAS, con enfoques más personalistas que pragmáticos y útiles. También nos distanciamos por su línea tibia y su base de activistas de corte progresista, donde no pretenden racializarse ni consolidarse como opción política de reacción o choque frente a las opciones tradicionales. Donde falla Vente como alternativa al mainstream de la oposición, entra CREEMOS.

Frente al bipartidismo del tándem VP-PJ.

Los dos grandes partidos que configuran el estado bipartidista de la ”oposición” nos parecen muy similares entre sí, prácticamente iguales. Se esfuerzan en diferenciarse estéticamente pero han llegado a defender posiciones muy similares respecto a las grandes cuestiones que ellos llaman «de Estado». Sus opiniones son perfectamente intercambiables ante los problemas de fondo, y ambos compiten con tanto denuedo por el llamado centro político que han terminado por establecer una amplia zona de intersección en su marketing político y electoral. El Partido Liberal CREEMOS no compite por esa misma zona, sino que se sitúa frente a ambos, y a bastante distancia:

Ellos quieren apuntalar a toda costa el edificio del injustamente denominado «Estado del bienestar», donde se le expropia a unos para darle a otros y todos terminamos pagando las consecuencias económicas de tal inmoral acto. Nosotros queremos certificar la ruina de este injusto, poco ético y desastroso sistema y sustituirlo por un sistema en el que la sociedad civil asuma la prestación de los servicios -a través de distintas formas de propiedad, sean colectivas o de titular individual- que hoy acapara el Estado, en condiciones de universalidad y de libre elección, respetando también el principio de apropiación original.
Ellos tienen una visión paternalista de la sociedad y se esfuerzan por extender sobre los ciudadanos el manto de una intrusiva tutela estatal. Nosotros creemos en la extraordinaria capacidad del ser humano para tomar sus propias decisiones y, también, para asumir sus consecuencias.

Ellos promueven un considerable nacionalismo centrípeto y nosotros somos profundamente internacionalistas y entendemos obsoletos los Estados nacionales en pleno proceso de globalización no sólo económica sino relativa también a los demás aspectos de la vida social e individual. Los ciudadanos son libres de elegir cómo, cuándo y dónde asociarse, siendo empresas privadas por acciones, una sociedad, una cooperativa u organizaciones jerárquicas o donde los trabajadores controlen la estructura productiva, siempre respetando el derecho de las personas de apropiarse de aquello que NO tiene dueño y siempre teniendo en cuenta que el resultado de las organizaciones no será subsidiado ni responsabilidad de nadie más que aquellos que iniciaron tal proyecto u acción.

Ellos se esfuerzan en imponer a la sociedad sus valores, lo que ellos quieren que seamos y el cómo ellos creen que debemos ser, claramente emanados en un caso del colectivismo de izquierdas (de origen marxista) y en el otro del colectivismo de derechas (de inspiración conservadora de carácter interventor y asocial). Nosotros luchamos por mantener a raya cualquier forma de colectivismo forzoso y afirmar la soberanía del individuo humano sobre sí y sus relaciones personales, respetando a otros y todo lo que ello conlleva.

Frente al centrismo convencional.

El centrismo, representado en su día por sectores de la AD y después por el  COPEI, fue útil en una etapa de transición democrática caracterizada por la gran distancia entre los principales partidos de izquierda y derecha. Hoy esos partidos se han aproximado hasta el punto de ocupar por completo, simultáneamente, el espacio electoral denominado «de centro». Entendemos anacrónico construir hoy partidos que aspiren a situarse entre el VP y el PJ, además de resultar política e ideológicamente estéril ya que no se aportaría a la sociedad nada nuevo sino meras posiciones intermedias, aún más vacías y continuistas que las del tándem VP – PJ.

Quienes apostamos por un liberalismo muy profundo y, por lo tanto, decidido a acometer grandes reformas del sistema, no podemos encajar en el centro político. Tampoco queremos conformar uno nuevo. El centro político siempre se presta para ambigüedades disfuncionales y socialmente amorfas, esto es que se presta para no estar ”ni aquí ni allá” en ningún lado y jamás tener una postura concreta. Esto dispone a las agrupaciones a ser una suerte de partidos ”atrapalotodo” que por querer tener todo, terminan siendo nada, como pasa actualmente con Voluntad Popular, Vente y Primero Justicia. No se puede estar con Dios y con el diablo para querer integrar gente con ideas tan contrapuestas ofreciendo puntos medios inservibles en un fracasado intento de conciliarlos. La postura debe ser radical. Ahí es donde se disiente del centro político buenista que quiere estar bien con todos para poder absorberlos en su entramado político inútil.

La honestidad es una virtud crucial, y la resistencia a la doble cara del centro político es parte de lo que somos. Por eso tenemos una postura definida basada en la PERSONA, la VIDA, la PROPIEDAD, la LIBERTAD y la FEDERACIÓN. Hay que recordar: antes de ser venezolanos, pertenecemos a un Estado federal. En el Estado federal vivimos en una ciudad. Dentro de la ciudad, estamos en una comunidad. Y antes de la comunidad, estamos nosotros mismos. Eso es lo que ningún partido de izquierda ni del centro convencional ha declarado ni reconoce. No reconocen ni siquiera aquello que hay entre la nación y nosotros. No quieren enfrentar lo plurales que somos, ni a que somos ciudadanos de nuestra ciudad y primero velamos por nuestros vecinos que por cualquier otro nacional, y primero por nosotros mismos que antes de cualquier otro. El centro (de centro izquierda a centro derecha) –conformado por PJ, VP, AD, COPEI y Vente– JAMÁS ha admitido esto ni ha hecho nada, ni siquiera por las comunidades.

Imagínense no hacer nada siquiera por una parroquia y pretender tomar el mando de un país… Prefieren tener a mucha gente que luche ”por Venezuela” que luchar por los individuos mismos (los casi 29 millones que quedamos), por las comunidades y los estados. Luchar por los entornos en los que todos, físicamente distanciados unos de otros, vivimos. Eso es lo que importa: mejorar nuestra propia vida y entorno local, regional y nacionalmente partiendo de lo que nosotros como individuos –y luego como integrantes de un orden llamado sociedad– podemos lograr. Pero los colectivistas rapiñeros y rapaces no lo ven.

Frente a los llamados “neocon”

Con los neoconservadores no tenemos nada en común. Su agenda fuertemente intervencionista en todos los ámbitos de la vida; individual y colectiva se vuelven totalmente insoportables. Su agresiva política exterior donde demuestran una grave injerencia en asuntos de otros países, es totalmente intolerable. Su adoración estatal donde se utiliza a la autoridad política como marco de referencia para guíar moralmente a los individuos como una suerte de pastor es atroz, pues toma a la gente como rebaño en vez de como lo que son: personas. El paternalismo no solamente ante los nacionales, sino también ante otros países, es diametralmente opuesto a nuestra postura. NO nos meteremos en asuntos de otros países y NO nos meteremos en la vida de las personas. Tampoco creemos que la economía deba tener guía o deba ser controlada por la autoridad, así solamente sea al ”mínimo”. La raíz keynesiana – intervencionista de los neoconservadores tampoco es compatible con la línea ni el ideario de CREEMOS.

Frente a los partidos nacionalistas, conservadores y patriotas

En cuanto a las organizaciones patriotas y nacionalistas, creemos que somos la única fuerza política de ámbito general que realmente les comprende porque entiende el conflicto de identidades y sentimientos nacionales y regionales arraigados de forma solapada en todo el territorio y en partes del mismo. Como realmente somos los únicos que nos oponemos a su nacionalismo centrípeto y centralista de raíz venezolanista del tipo -sólo  existe Venezuela y más nada- estamos mejor capacitados que los demás partidos de ámbito estatista para trabajar en soluciones innovadoras, destinadas a superar estos conflictos mediante un marco federal adaptable a veintitrés realidades específicas, y dentro de cada realidad estatal, abarcar las realidades de cada uno de los 335 municipios, y dentro de los 335 municipios, que las comunidades constituyentes puedan ser independientes del gobierno regional, municipal y desde luego, ajenas al gobierno nacional y al Estado Venezolano. Esto es, luchar por dar más protagonismo al plano cívico que al político. Pero, creemos que también nos separa de estos partidos el colectivismo filosófico (todos somos un medio para el bien nacional) que siempre acompaña a toda forma de nacionalismo, incluso moderado. A nosotros la única autodeterminación que nos importa es la personal, y luego de ahí no nos resulta relevante las definiciones por las que cada individuo opte.  Sin embargo:

No obstante, no dejamos de lado la importancia de los valores comunes y de la idiosincrasia y su mejoramiento para conformar una identidad común, sin dejar de lado que cada grupo e individuo pueda optar también por formar sus propias identidades. Desde luego y como todos sabremos, esto no es necesariamente excluyente. Yo soy cojedeño y soy del llano, pero por ser de aquí y estar identificado con mis raíces no impide que deje de ser un nacional venezolano ni haya crecido con elementos de la cultura venezolana: Globovisión, RCTV, Venevisión… El Pollo Brito, Simón Díaz, Los Mentas, Caramelos de Cianuro. Estos elementos que forman parte de una identidad – patrimonio de identidad común con otras personas tampoco evita que yo tenga mi propia identidad: tengo mis propiedades, mi determinado corte de cabello, mis ideas, mis textos, donde vivo, donde estudio y el por qué. Incluso este partido, CREEMOS, es un colectivo por definición, donde todos estamos agrupados porque coincidimos ideológicamente y por esta emanación, tenemos una identidad común bajo el paraguas del partido: liberales, federales y patriotas.
Por ello NO nos oponemos a la formación de colectivos ni al orden social, nos oponemos a esta formación a través de la fuerza y que muchos supongan una superioridad en estos modos de vida por resultarles más ”morales” porque sí. Nos oponemos a la creencia de que todos somos un fin de alguien (o algunos) más. Cada quién es libre de decidir si es fin de alguien o no y para quién. O también que cada uno de nosotros es su propio medio y su propio fin. Pero no nos oponemos para nada a como decida vivir cada quién (teniendo sus límites en la existencia de los derechos de otras personas, entendidas como humanos), tampoco nos oponemos a la formación de nuevas tradiciones o la manutención de otras consideradas viejas, ya que no todo aquello viejo es malo. Como diría un amigo: El agua es tan antigua como la formación de la tierra, y todavía es muy eficaz saciando nuestra sed.

La antigüedad de productos, ideas o creencias no determina su efectividad, como tampoco lo hace su novedad. Ambas serían falacias ad antiquitatem y ad novitatem respectivamente. Creemos también que los valores y lineamientos éticos objetivados en la moral son FUNDAMENTALÍSIMOS para cohesionar la sociedad como una alternativa a la ingeniería social del Estado. Esto es: cambiamos la regulación e intervención estatal por el orden espontáneo preservado a través de instituciones informales (familia, organizaciones civiles comunitarias y territoriales, códigos de conducta, costumbres, hábitos, etc.), que termina determinando qué es y qué no es necesario para la vida en común sin necesidad de burócratas, políticos o ”intelectuales” que decidan qué es o qué no es mejor para nosotros.

Por eso no hay que confundirnos con que nuestro anti-colectivismo sea una suerte de intento para disociar y atomizar la sociedad en individuos ermitaños separados unos de otros a toda costa. No hay que confundir individualidad con soledad. Tampoco es de confundir que nuestra oposición a la fuerza de ciertos elementos conservadores nos haga necesariamente estar en contra de los mismos en su cabalidad. Entendemos totalmente la importancia de ciertas puntualidades en aspectos sociales de estos partidos (conservadores, nacionalistas y patriotas), porque trascienden hasta el plano científico, y se demuestra la importancia de las denominadas instituciones informales en el bienestar y estabilidad del colectivo dado que son incluso más importantes que el mismo Estado, y funcionan como una alternativa al mismo.

En definitiva…

Todas las formaciones políticas mencionadas coinciden en unas cotas elevadas de estatalismo o de invasión a la individualidad, personalidad y privacidad que nos resultan inaceptables, algunas más que otras. Disentir de ese planteamiento que les es común nos sitúa frente a todos ellos. Ellos son colectivistas mientras que nosotros somos el único partido que a través del esfuerzo colectivo –naciendo en nuestra libre inciativa– defiende la individualidad y la libertad por encima de la ingeniería social y la manipulación. Creemos profundamente en el ser humano, en su capacidad y en su soberanía personal. En ese sentido, somos de alguna manera un partido antisistema, en la medida en que promovemos un cambio profundo del marco económico, político, social y cultural en vez de sumarnos a los consensos generalizados que perpetúan esos marcos y que en general comparten todos esos partidos. En vez de ser colaboracionistas en la destrucción de la sociedad venezolana y de los individuos que conforman este país atentando de manera general contra el entorno en el que vivimos, y que por regla tenderá a afectarnos a todos, decimos superar este plano en el que todos los partidos se dan la mano. Eso es lo que nos unirá con los demás que decidan integrarnos o apoyarnos y nos diferenciará de ellos, y de aquellos que han tomado como profesión tratar de destruirnos.